sábado, 24 de enero de 2026

La Intuición sensible - Jaime Balmes -



 LA INTUICION SENSIBLE

SUMARIO: Qué es la intuición. Es propia de las facultades perceptivas. Cuáles son las sensaciones externas intuitivas. - Por qué no lo son las internas. Lo serían sin la reflexión. Sin ésta unas lo serían siempre, otras nunca. Sentido de esta aserción.


1. ¿En qué consiste la intuición? La intuición propiamente dicha es el acto del alma con que percibe un objeto que la afecta: así lo indica la significación latina del nombre, el cual se deriva del verbo intueri, mirar una cosa que se tiene presente.


2. La intuición no cabe sino en las potencias perceptivas, es decir, en aquellas por las que el sujeto afectado distingue entre su afección y el objeto que la causa. No quiero decir que semejante distinción haya de ser reflexiva; sino únicamente que el acto interno se ha de referir a un objeto. Si suponemos un ser que experimenta varias afecciones, sin referirlas a ningún objeto ni reflexionar sobre las mismas, no se podrá decir con propiedad que tenga verdadera intuición: ésta parece envolver el ejercicio de una actividad que se ocupa en un objeto presente. El objeto de la intuición no siempre ha de ser externo; puede ser una de las afecciones o acciones del alma objetivadas por un acto de reflexión.


3. Las sensaciones que con más propiedad se llaman intuitivas son las de la vista y del tacto, puesto que, percibiendo la extensión misma y siéndonos imposible considerar a ésta como un hecho puramente subjetivo, los actos de ver y tocar envuelven necesariamente relación a un objeto. Los demás sentidos, aunque en algún modo están relacionados con la extensión, no la perciben directamente; y, por tanto, si estuviesen solos tendrían más de afectivo que de intuitivo, esto es, que el alma sería afectada por estas sensaciones sin necesidad de referirlas a objetos externos. Si la reflexión, fijándose sobre dichas sensaciones, llegase a enseñar, como en efecto lo enseñaría, que la causa de ellas es un ser distinto del que las experimenta, tampoco habría verdadera intuición, porque ésta no existiría ni para los sentidos, que permanecerían ajenos a las combinaciones reflexivas, ni para el entendimiento, que conocería la causa de las sensaciones no por intuición, sino por discurso.


4. De esto se infiere que no toda sensación es intuición, y que las reproducciones imaginarias de sensaciones pasadas, o la producción, imaginaria también, de sensaciones posibles, aunque se llamen a menudo intuiciones, no merecen con propiedad el nombre de tales, a causa de que no se refieren a un objeto. Sin embargo, aquí es menester observar que los fenómenos de la sensibilidad puramente interna tal vez deben el no referirse a objetos al hábito de la reflexión, la cual percibe las diferencias de tiempo, la mayor o menor viveza de las sensaciones, su enlace más o menos constante y otras circunstancias, por las cuales distingue entre las representaciones que se refieren actualmente a un objeto, como las sensaciones externas, y las que sólo le tiene pasado o posible, como las representaciones puramente internas. Así experimentamos que cuando la sensibilidad puramente interna se halla del todo abandonada a sí misma, sin el auxilio de la reflexión, traslada a lo exterior todo cuanto se le ofrece, convirtiendo en realidades las apariencias imaginarias. Esto se verifica en el sueño, y aun durante la vigilia, cuando por algún trastorno cerebral la sensibilidad obra enteramente sola, independientemente de la reflexión.


5. La causa de que la sensibilidad entregada a sí misma objetive todas sus impresiones se halla en que, siendo una facultad no reflexiva, no puede distinguir entre la afección procedente de lo exterior y la puramente interna. Como la comparación, por poca que sea, implica un acto reflejo, la sensibilidad no compara, de donde resulta que, cuando el sujeto no hace más que sentir, no puede apreciar las diferencias de las sensaciones, midiendo los grados de su viveza, ni tampoco percibir la existencia o la falta del orden y constancia de su enlace.


La facultad de sentir es enteramente ciega para todo lo que no es su objeto determinado; lo que no se halla en éste, en cuanto objeto de dicha facultad, no existe para ella en ninguna parte, por lo cual se echa de ver que abandonada a sí misma objetivará su impresión, se creerá siempre intuitiva, convirtiendo en realidad la simple apariencia.


6. Es digno de notarse que, de las facultades sensitivas, las unas serían siempre intuitivas, esto es, se referirían siempre a un objeto externo si no las acompañase la reflexión; mientras que otras no lo serían, jamás si estuviesen separadas de la reflexión o no anduviesen acompañadas de las que lo son por su naturaleza. Son de la primera clase las representativas propiamente dichas, esto es, las que afectan al sujeto sensitivo, presentándole una forma, imagen real o aparente, de un objeto. Tales son las de la vista y del tacto, que no pueden existir ni aún concebirse sin dicha representación. Por el contrario, las demás sensaciones no ofrecen al sujeto sensitivo ninguna forma; son simples afecciones del mismo sujeto, aunque procedan de una causa externa; si las referimos a los objetos es por reflexión, y cuando ésta nos advierte que llevamos la referencia demasiado lejos, atribuyendo al objeto externo no sólo el principio de causalidad, sino también la sensación en sí misma, fácilmente conocemos la ilusión y nos despojamos de ella. Esto no se verifica en las sensaciones representativas: nadie, por más esfuerzos que haga, será capaz de persuadirse que fuera de sí no hay algo real, semejante a la representación sensible, en que se ofrecen los objetos como extensos.


7. Cuando digo que algunas sensaciones no serían intuitivas si no las acompañase la reflexión, no quiero dar a entender que el hombre las refiera a un objeto, previa la reflexión explícita, puesto que no puedo olvidar lo que en otra parte (véanse libs. 2º y 39) llevo explicado extensamente sobre el modo instintivo con que se desenvuelven nuestras facultades en sus relaciones con el mundo corpóreo, anteriormente a toda reflexión: sólo quiero significar que en dichas sensaciones, consideradas en sí mismas y en completo aislamiento, no se encuentra una relación necesaria a un objeto como representado, y que probablemente en el instinto que nos las hace objetivar, si no se mezcla una reflexión confusa, entra alguna parte de la influencia de las demás sensaciones que son representativas por su objeto propio.



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