Album Don Segunda (2017):
domingo, 11 de octubre de 2026
Albumes Solo Guitarra Criolla Todos Los Links De Descarga Mediafire
miércoles, 7 de octubre de 2026
Aprendiendo del Pop - Denise Scott Brown - MHPLO -
Las Vegas, Los Angeles, Levittown, los edificios swinging del Westheimer Strip, los conjuntos residenciales de golf o yates, las Coop Cities, los decorados de fondo residenciales de los espacios televisivos y de los anuncios de las revistas populares, los carteles luminosos y la Carretera 66 son razones suficientes para cambiar la sensibilidad arquitectónica. Son precisas nuevas fuentes de inspiración cuando las viejas formas se vuelven rancias y el camino no es claro; es cuando una herencia clásica, un movimiento artístico, ingenieros industriales o "la arquitectura sin arquitectos" de los primitivos pueden ayudar a barrer los restos mustios de la antigua revolución, tal como la practicaron los descendientes conservadores de los creadores originarios.
En Estados Unidos, durante los sesenta, otro ingrediente se añadió a la receta para el cambio artístico: la revolución social. La renovación urbana, que dio trabajo a los arquitectos durante dos décadas y que fue el mayor depósito de los restos del movimiento moderno, no sólo estaba artísticamente rancia sino que era también socialmente nociva. La urgencia de la situación social, la crítica social de la renovación urbana y del arquitecto al servicio de un limitado sector rico de la población -en particular la crítica de Herbert Gans- fueron tan importantes como los artistas Pop que llamaron nuestra atención hacia la ciudad existente norteamericana y sus edificios. Si los arquitectos de alto estilo no están produciendo lo que la gente desea o necesita, ¿quién puede enseñarnos y qué podemos aprender de ellos?
Necesidades, en plural
Aprehender las necesidades es la primera razón para ir a la ciudad actual. Una vez allí, la primera lección para un arquitecto es la pluralidad de las necesidades. Ningún constructor en su sano juicio anunciaría: Estoy construyendo para el Hombre. Está construyendo para un mercado, para un grupo de personas definido por el nivel de rentas, la edad, la composición familiar y el estilo de vida. Las Levittowns, los parques de atracciones, las casas urbanas estilo georgiano crecen a raíz de la estimación que se hace de las necesidades de los grupos que formarán sus mercados. La ciudad puede verse como el producto físico de un conjunto de subculturas. De momento, son escasas las subculturas que recurren voluntariamente a los arquitectos.
Por supuesto, aprender de lo que hay está sujeto a los fallos y a las limitaciones de todo análisis conductista que examina la conducta inhibida y qué es lo que haría la gente en condiciones distintas. Los pobres no viven quizá voluntariamente en bloques de viviendas, ni las clases medias en Levittowns; tal vez el estilo georgiano le parezca menos aceptable al residente de una casa urbana que el alquiler. En períodos de escasez de viviendas, éste es un argumento particularmente fuerte contra el conductismo arquitectónico, ya que la gente no tiene voto contra una determinada oferta, absteniéndose si no hay otra alternativa. Para contrarrestar este peligro, hay que procurar poner en comparación ambientaciones donde, por cualquier razón, las coacciones no existen. Hay ambientaciones que sugieren lo que serían los gustos de los grupos coaccionados económicamente si lo estuvieran menos. Son las ambientaciones de nouveau riche: Hollywood hace unos años, Las Vegas ahora, y las casas de los actores de cine, de los deportistas y otros grupos en los que la movilidad ascendente puede parecer un despegue vertical, incluso allí donde se fomenta el mantenimiento de antiguos sistemas de valores. Otra fuente son los decorados en los medios de comunicación, el cine, los espacios televisivos, los anuncios de conservas y de barniz para muebles. Aquí, el fin no es vender casas, sino otra cosa, y el escenario representa la idea (¿Madison Avenue? *) de lo que desea en una casa el comprador de conservas o el espectador de televisión. Ahora bien, la visión de Madison Avenue puede estar deformada como la del arquitecto, y debería estudiarse a la luz de lo que procura vender -¿debe la arquitectura de un anuncio de conservas parecer tan hogareña como lo es mi casa o elegante como la suya si es para venderme conservas? Pero, por lo menos, es otra deformación, una alternativa a la contemplación de lo que se considera esencial en la arquitectura, a la que recurrimos tantas veces para investigar, por ejemplo, preguntándonos: ¿Qué hizo Le Corbusier? Tanto Madison Avenue como el constructor, aunque poco pueden decirnos de las necesidades de los más pobres, cubren una capa más amplia de la población y se someten a un test de mercado más estricto que el arquitecto al trabajar en la renovación urbana o en la vivienda de promoción pública, y si lo único que aprendemos de estas fuentes es que la arquitectura debe diferir según los diferentes grupos, ya es mucho.
Sin embargo, una alternativa para los dos consiste en examinar lo que hace la gente con los edificios en Levittowns, Society Hills, zonas industriales y suburbios pobres, una vez que viven en ellos. En este caso, los costos y la disponibilidad son fuerzas menos coactivas, ya que la empresa es menor. Así, los cambios tienden con frecuencia a ser más simbólicos que estructurales y las aspiraciones pueden quizás estar ligadas con más facilidad a símbolos que a estructuras.
El hecho de prestar atención a edificios ya construidos para obtener información acerca de las necesidades no implica que no sean también muy necesarias encuestas sobre lo que desea la gente. Este es un punto de gran importancia, como lo es también la relación entre los dos tipos de examen, el preguntar y el mirar; pero éste no es el objeto de este estudio, que procura investigar qué puede aprenderse de los productos de la cultura pop.
El análisis formal como investigación del diseño
La segunda razón para tener en cuenta la cultura pop es la de encontrar vocabularios formales para nuestro tiempo que sean más adecuados a las distintas necesidades de la gente y más tolerantes con el desorden de la vida urbana que las normas formales “racionalistas" y cartesianas de la última arquitectura moderna.
¿Cuántas viviendas económicas y cuánta arquitectura decimonónica ha sido derrumbada para que algún ordenado purista arquitecto o urbanista, pudiera empezar con el papel en blanco?
Los arquitectos modernos pueden admitir ahora que, si la forma arquitectónica está determinada por cualquier fuerza, proceso y tecnología, las ideas sobre la forma también la determinan; que un vocabulario formal es parte de la arquitectura, del mismo modo que los ladrillos y el mortero (plástico y sistemas, para los futuristas); que la forma no viene dada, no puede venir dada sólo por la función, recién nacida e inocente como Venus en su concha, sino que la forma sigue más bien, función, fuerzas y forma interaliadas. Las deformaciones formales, si son conscientemente aceptadas, no tienen por qué tiranizar, como lo hicieron en la renovación urbana; y los vocabularios formales, dado su lugar en la arquitectura, pueden ser estudiados y mejorados para responder a exigencias funcionales, en lugar de ser aceptados inconsciente e inadecuadamente -como un antiguo legado de un maestro poco apropiado.
Las formas del paisaje pop son tan importantes para nosotros ahora como lo fueron las formas de la antigua Roma para las Bellas Artes, el cubismo y la arquitectura mecánica para los primeros modernos, y los suburbios industriales y el Dogon para el Team 10, lo cual es decir que es extremadamente importante, mucho más que el último batiscafo o el lanzamiento de un cohete. Contrariamente a éstos, las formas pop se refieren a nuestra condición, no sólo desde un punto de vista estético, sino también a muchos niveles de necesidad, desde la necesidad social de dar viviendas a los pobres sin destruir las existentes hasta la necesidad arquitectónica de producir edificios y medios ambientes que otros gustarían o necesitarían. El paisaje pop difiere de los modelos anteriores en que es también el lugar donde se construye, es nuestro contexto. Y es una de las pocas fuentes contemporáneas de información acerca de los aspectos simbólicos y comunicativos de la arquitectura, ya que fue ignorada por los movimientos modernos puristas, que reducían la arquitectura sólo a espacio y estructura. Pero el análisis formal presenta problemas. Primero, puesto que la forma fue considerada durante tanto tiempo una cuestión no válida, perdimos la costumbre de analizarla, y segundo, las formas con las que tratamos son nuevas y no se relacionan fácilmente con las técnicas de análisis y comunicación arquitectónicas y urbanísticas tradicionales. La interpretación ortográfica aclara difícilmente la esencia del anuncio del Stardust, y, aunque este anuncio tiene la longitud de una manzana, no aparecería en un plano de uso del suelo. El espacio suburbano, al ser un espacio automovilístico, no se define por paredes y pisos envolventes y, por lo tanto, no es fácil describirlo gráficamente mediante sistemas reservados a la descripción de edificios. De hecho, el espacio no es el elemento constitutivo más importante de la forma suburbana, la comunicación a través del espacio lo es mucho más, y esto requiere un elemento simbólico y de tiempo en sus sistemas descriptivos que se definen sólo muy lentamente.
Nuevas técnicas analíticas utilizan el film y el videotape para explicar el dinamismo de la arquitectura del anuncio y la experiencia de atravesar vastos paisajes por secuencias; también son necesarios los computadores para acumular la información masiva en modelos comprensivos. Muchas técnicas tradicionales de valor deberían ser también desenterradas por adecuarse al nuevo fenómeno; por ejemplo, la técnica de hacer mapas, creada en el siglo dieciocho por Nolli, y, que él aplicó a la ciudad de Roma y que ahora podría también adaptarse incluyendo los aparcamientos, contribuye mucho a comprender Las Vegas. Podría también acomodarse con gran facilidad a la técnica de computadores.
El análisis formal debería ser comparativo, ligar las nuevas formas, por comparación, al resto de la tradición formal de la arquitectura; debería, en consecuencia, incorporarlas a la disciplina arquitectónica y ayudarnos a entender nuestra nueva experiencia a la luz de nuestra primera formación.
Al sugerir que la forma debería ser analizada, no quiero decir que la función (como un análisis profundo del programa), las tecnologías o las fuerzas (entendiendo por éstas los procesos sociales urbanos o la economía territorial) no son vitales para la arquitectura ni tampoco que no pueden servir como fuentes de inspiración artística para el arquitecto. Todo es necesario y funciona en combinación. Los demás elementos no son, simplemente, motivo de este estudio.
La lata de sopa y el establishment
Hay una ironía en el hecho de que la cultura "popular" y el paisaje popular no son populares para los que toman decisiones acerca de la renovación de la ciudad y de la construcción de viviendas para pobres. Transcribo aquí un párrafo escrito por John Kenneth Galbraith, un liberal importante e influyente, de un artículo publicado en "Life": 1
"Para el ciudadano medio, hay tests muy simples que indican cuándo hemos pasado del encantamiento a la acción práctica en el medio ambiente. La restricción del uso del automóvil en las grandes ciudades podrá ser uno de ellos. Otro, podrá ser la supresión en las autopistas de los anuncios, la peor eflorescencia, y casi la más inútil, de nuestra civilización industrial. Otro aún, podrá ser la instalación en el subsuelo de conducciones eléctricas y telefónicas en todas partes de las grandes ciudades y la aceptación por nuestra parte de que nos lo carguen en la cuenta.
"Mi test personal, valga lo que valga, se refiere a la estación de servicio. Es la pieza arquitectónica más repelente de los últimos doscientos años. Hay muchas más de las que son necesarias. Están, por lo general, sucias. Su mercancía está empaquetada en un modo espantoso y expuesta en forma llamativa. Son adictas incontrolables a los largos hilos de banderitas andrajosas. Las protege una nefasta coalición de hombres de negocios pequeños y poderosos. Las estaciones de servicio deberían ser completamente excluidas de casi todas las calles y autopistas. Allí donde fueran permitidas, deberían reducirse a un número limitado y debería haber exigencias estrictas en cuanto a su arquitectura y a su aspecto general. Cuando empecemos con ello (es extensivo también al comercio a los lados de la carretera), creeré, por fin, que somos personas serias." ”
No menciona siquiera la necesidad de viviendas de renta limitada como un problema urgente del medio ambiente, y, en mi opinión, él debería haber insistido más en la economía.
Comparten el criterio convencional de Galbraith sus colegas, los viejos radicales de la arquitectura que encabezan las comisiones de Bellas Artes en América, los departamentos de "diseño" del HUD y las agencias de planeamiento y desarrollo que construyen para el gran público y para las corporaciones privadas que controlan los que hacen la ciudad. Si el público tiene que estar bien servido por sus decisiones, estos miembros del establishment arquitectónico deberían aprender a desligar su estética de consideraciones acerca de la "contaminación del medio ambiente". El agua sucia y los anuncios pertenecen a problemas de distinta magnitud y orden. El primero realmente lo es, pero el segundo no; en particular, si se nos da la posibilidad de estudiarlos durante un tiempo, sin prejuicios.
Cuando los barrios "marchitos" sean barridos a la vez que los anuncios y las estaciones de servicio, para evitar la "contaminación visual", el daño social puede ser irreparable. Sin embargo, no se destruye una vieja fórmula estética, por muy embarazosa que se revele, hasta que no haya otra para reemplazarla, ya que, como pudimos ver, la forma depende de la forma para su realización. Y, para el establishment arquitectónico, el nuevo vocabulario tiene que tener un linaje respetable. Por lo tanto, si el entorno popular es el que ha de provocar este vocabulario, debe ser filtrado a través de procesos adecuados para su aceptación. Debe convertirse en parte de una alta tradición artística; debe ser la vanguardia de los últimos años. Esta es otra razón para someter el nuevo paisaje a un análisis arquitectónico tradicional: con el fin de que sea aceptado por el establishment.
No pueden aprender del pop hasta que el pop no cuelgue en la academia.
¡Ale hop pop!
He recomendado una investigación de las formas de la nueva ciudad actual en sus dos aspectos social y estético a los arquitectos que desean profundizar su conocimiento hacia caminos nuevos. El arte culto siguió al arte menor ya anteriormente, y viceversa. Pero, veamos, ¿de dónde provienen la parábola de MacDonald y los chaletitos?
En el movimiento que va desde el arte menor al arte culto hay un elemento que suspende el juicio. El juicio se retiene en favor de la comprensión y la receptibilidad. Es una técnica heurística estimulante, pero En el movimiento que va desde el arte menor al arte culto hay un elemento que suspende el juicio. El juicio se retiene en favor de la comprensión y la receptibilidad. Es una técnica heurística estimulante, pero también puede ser peligrosa, ya que amar toda la cultura pop es tan irracional como odiarla toda, y nos tráe la visión de una subida al carro del pop, general e indiscriminada, donde todo es bueno y en el que el juicio antes se abandona que se suspende. Sin embargo, los artistas, los arquitectos, los actores, deben juzgar, esperemos, con un suspiro. Tras un período aceptable, un criterio apropiado debe surgir de la nueva fuente. El juicio se aplaza simplemente para que el juicio posterior sea más sensible.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
La inflación en el pasado - Graham Hutton - Inflación y Sociedad
«Es el juicio, no el conocimiento, lo que distingue al hombre.»
Michel de Montaigne
«El que conoce sólo su propia posición, poco conoce de ella.»
John Stuart Mill
“Hay dos clases de verdades: las verdades triviales, cuyo opuesto es absurdo, y las verdades profundas, cuyo opuesto también es una verdad profunda.”
— Niels Bohr,
La inflación en el pasado - Graham Hutton - Inflación y Sociedad
"No hay forma más sutil y segura de trastrocar la base existente de una sociedad que la de corromper la moneda. El proceso comprende todas las fuerzas ocultas de las leyes económicas del lado de la destrucción y lo hace de una manera que no hay entre un millón una persona capaz de diagnosticarlo."
The Economic Consequences of the Peace, por J. M. Keynes; Londres, Macmillan, 1919, página 220.
La Visión Divina De La Naturaleza - C.Jinarajadasa -Libro Electrónico - Ebook - EPUB - Mediafire - MHPLO
lunes, 21 de septiembre de 2026
Nuevo Album - Santa Rita (2026) Feat.Tkine - Descarga Mediafire - Nueva Version -
viernes, 18 de septiembre de 2026
Programa especial - Diffusion Offline - Rock Argento Days - Remastered -2016 -2026
DESCARGA TEMPORADA INCOMPLETA:
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Una nota sobre la cultura y la política - Thomas Stearns Eliot -MHPLO
La política, sin embargo, no le ocupó tanto que le impidiera dedicar su pensamiento a cosas de mayor importancia.
Comentario de SAMUEL JOHNSON sobre GEORGE LYTTELTON.
Observamos actualmente que la "cultura" atrae la atención de los políticos; no que los políticos sean siempre "hombres cultos", sino que la "cultura" está considerada tanto como un instrumento de política, y como algo socialmente conveniente cuya promoción concierne al Estado. No sólo oímos, en las altas esferas políticas, que las "relaciones culturales" entre las naciones son de gran importancia, también vemos que se fundan organismos y se nombran funcionarios especialmente para atender a dichas relaciones, que se supone fomentan la concordia internacional. El hecho de que la cultura haya llegado a ser, en cierto sentido, un departamento de la política, no debe hacernos olvidar el hecho de que en otros períodos la política ha sido una actividad realizada dentro de una cultura, y entre representantes de diferentes culturas. Por tanto, no es impertinente el intentar señalar el lugar de la política dentro de una cultura unida y dividida de acuerdo con la clase de unidad y división que hemos estado considerando. Podemos suponer, creo, que en una sociedad así constituida el ejercicio de la política y un interés activo en los asuntos públicos no serían actividades comunes a todos los individuos, o a todos en la misma proporción; y que no todos deberían interesarse, excepto en los momentos de crisis, en la dirección de la nación como conjunto. En una sociedad saludablemente regional, los asuntos públicos interesarían a todos, o a la gran mayoría, sólo dentro de unidades sociales muy pequeñas; y sería la ocupación de un progresivamente menor número de hombres en las unidades mayores dentro de las cuales la menor estaría comprendida. En una sociedad saludablemente estratificada, los asuntos públicos serían una responsabilidad desigualmente repartida; una mayor responsabilidad sería heredada por aquellos que heredaran yentajas especiales, y en quienes el interés propio, y el interés por mor de sus familias, debería combinarse con el espíritu público. La élite gobernante, de la nación como conjunto, consistiría en aquellos cuya responsabilidad fuera heredada con su bienestar material y su posición, y cuyas fuerzas fueran constantemente aumentadas, y frecuentemente dirigidas, por el surgimiento de individuos de talento excepcional. Pero cuando hablamos de una élite gobernante, debemos ponernos en guardia para no pensar en una élite bruscamente separada de las otras élites de la sociedad.
La relación de la élite política - con lo que queremos significar los miembros dirigentes de todos los grupos políticos efectivos y reconocidos; pues la supervivencia de un sistema parlamentario requiere un constante comer con la oposición 1 con las otras élites sería expuesta en forma grosera si se la describiera como la comunicación entre hombres de acción y hombres de pensamiento. Una división señalada entre el pensamiento y la acción no es más apropiada para la vida política que para la religiosa, donde el contemplativo debe tener su propia actividad, y el sacerdote secular no debe ser completamente ajeno a la meditación. No hay plano de la vida activa en que pueda omitirse el pensamiento, excepto en el de la meramente automática ejecución de órdenes; y no hay especie alguna de pensamiento que carezca completamente de efectos sobre la acción.
He mencionado en otra parte que una sociedad está en peligro de desintegrarse cuando hay falta de contacto entre personas de diferentes esferas de actividad, entre las mentes políticas, científicas, artísticas, filosóficas y religiosas. Esta separación no puede ser reparada simplemente por la organización pública. No es cuestión de reunir en comisiones a los representantes de diferentes tipos de conocimiento y experiencia, de llamar a todos para aconsejar a los demás. La élite debe ser algo diferente, algo compuesto en forma mucho más orgánica que un jurado de bonzos, caciques y tycoons. Los hombres que se reúnen únicamente para determinados fines serios, y en ocasiones oficiales, no llegan a conocerse enteramente. Pueden estar sinceramente preocupados por algún problema común; pueden llegar, en el curso de contactos repetidos, a compartir un vocabulario y un idioma que parecen comunicar todas las inflexiones de significado necesarias para su fin común, pero continuarán retirándose de estos encuentros cada uno hacia su particular mundo social y, asimismo, a su mundo solitario. Todos han observado que las posibilidades del silencio satisfecho de una mutua y feliz consciencia cuando se está ocupado en una tarea común, o la profunda seriedad y significación al disfrutar de un chiste tonto, son características de toda estrecha intimidad personal; y la congenialidad de cualquier círculo de amigos depende de una convención social común, un ritual común, y los placeres comunes de la informalidad. Estos auxiliares para la intimidad no son menos importantes para la comunicación del significado en palabras, que la posesión de un tema común sobre el que están informadas las distintas personas. Es lamentable para un hombre que sus amigos y las personas con quienes está relacionado comercialmente pertenezcan a dos grupos inconexos; es también limitador cuando forman un mismo grupo.
Tales observaciones acerca de la intimidad personal no pretenden ser originales; la única novedad posible está en llamar la atención sobre ellas en este contexto. Señalan la conveniencia de una sociedad donde las personas de cada actividad superior puedan encontrarse sin hablar meramente de asuntos de su especialidad, o preocuparse cada uno de hablar de la especialidad propia. Para poder estimar correctamente a un hombre de acción debemos conocerlo; o, por lo menos, tenemos que haber conocido un número suficiente de hombres de ocupación similar para poder opinar acertadamente sobre una persona que no conocemos. Y el conocer a un hombre de pensamientos y formar una impresión de su personalidad puede ser muy útil para juzgar sus ideas. Esto no es enteramente inadecuado ni siquiera en la esfera del arte, aunque con reservas importantes, y aun cuando las impresiones de la personalidad de un artista frecuentemente afectan la opinión sobre su trabajo en forma bastante impropia; pues todo artista debe haber observado, que aunque un reducido número de personas no gusta de su trabajo en forma más intensa después de conocerlo, también hay muchos que tienen una actitud más amistosa hacia su trabajo si les resulta persona simpática. Esta ventaja persiste no importa cuánto pueda ofender la razón, y a pesar de que en las sociedades modernas de grandes poblaciones es imposible que todos se conozcan entre sí.
En nuestra época, leemos demasiados libros nuevos o nos oprime la idea de los libros nuevos que dejamos de leer; leemos muchos libros, porque no podemos conocer a suficientes personas; no podemos conocer a todos aquellos que nos convendría conocer, porque son demasiados. Por consiguiente, si tenemos la facilidad de poder formar palabras ý la fortuna de verlas impresas, nos comunicamos escribiendo más libros. Con frecuencia es a aquellos escritores que tenemos que conocer, cuyos libros podemos ignorar, y cuanto mejor los conozcamos personalmente, menos necesidad tendremos de leer lo que escriben. No sólo estamos coartados por el exceso de libros nuevos; nos molesta además el exceso de periódicos, informes y panfletos de circulación privada. En el intento de mantenernos enterados de las más inteligentes de estas publicaciones podemos sacrificar las tres razones permanentes para la lectura: la adquisición del saber, el placer del arte y el goce de la diversión. Mientras tanto, el político profesional está demasiado ocupado para disponer de tiempo para la lectura seria, aun la que se refiere a política. Su tiempo es demasiado reducido para el intercambio de ideas e informaciones con hombres que se distinguen en otras esferas de la vida. En una sociedad más pequeña (una sociedad, por tanto, que está menos febrilmente ocupada) podría haber más conversación y menos libros, y hallaríamos la tendencia de la que es un ejemplo este ensayo propia de aquellos que han adquirido alguna reputación, a escribir libros que están fuera de la materia en la que han ganado dicha reputación.
Es improbable, entre toda la masa de material impreso, que las obras más profundas y originales lleguen al conocimiento o provoquen la atención de un público grande, o, siquiera, de un número considerable entre los lectores que están en condiciones de apreciarlas. Las ideas que adulan una tendencia o actitud emocional corrientes son las que llegarán más lejos; y otras serán falseadas para adaptarse a lo que ya está aceptado. El residuo que queda en la mente del público difícilmente será una destilación de lo mejor y lo más sabio; es mucho más probable que represente os prejuicios comunes de la mayoría de los editores y comentadores. De esta manera se forman las idées reçues -más exactamente los mots reçus que, debido a su influencia emocional sobre aquella parte del público que es influído por el material impreso, deben ser tomadas en cuenta por el político profesional, y tratadas con respeto en sus discursos públicos. Es innecesario, para la recepción simultánea de estas "ideas", que sean consistentes entre sí; y, no importa cuánto se contradigan unas a otras, el político práctico debe manejarlas con tanta deferencia como si fueran las obras de una sagacidad informada, las intuiciones del genio, o la sabiduría acumulada por el tiempo. Por regla general, no ha inhalado la fragancia que pueden haber tenido cuando estaban frescas; sólo las huele cuando ya hieden.
En una sociedad graduada en tal forma que tenga varios niveles de cultura, y varios niveles de poderes y autoridad, el político podría estar restringido, por lo menos, en su uso del lenguaje, por su respeto hacia el criterio, y su temor al ridículo, de un público más reducido y más crítico, entre el cual se mantuviera alguna norma de estilo en la prosa. Si también fuera una sociedad descentralizada, una sociedad en que las culturas locales continuaran floreciendo, y donde la mayoría de los problemas fueron problemas locales que permitieran que las poblaciones locales se formaran una opinión mediante su propia experiencia y la conversación con sus vecinos, las expresiones políticas también tenderían, quizá, a manifestar una mayor claridad y serían susceptibles de menos variaciones de interpretación. Un discurso local sobre un asunto local tiene más probabilidades de ser inteligible que un discurso dirigido a toda una nación; y observamos que la mayor mezcolanza de ambigüedades y obscuras generalizaciones se encuentra, generalmente, en los discursos dirigidos al mundo entero.
Es siempre conveniente que parte de la educación de aquellas personas que, ya nazcan dentro de los grados políticos de la sociedad, o estén calificadas por su capacidad para entrar en ellos, sea la instrucción en la historia, y que una parte del estudio de la historia sea la historia de la teoría política griega. La ventaja del estudio de la historia griega y de la teoría política griega, como preliminar al estudio de otra historia y otra teoría, es su manejabilidad; se ocupan en una zona pequeña, con hombres más que con masas, y con las pasiones humanas de los individuos más que con aquellas vastas fuerzas impersonales que en nuestra sociedad moderna son una conveniencia necesaria del pensamiento, y cuyo estudio tiende a obscurecer los estudios de los seres humanos. Más aún, el lector de la filosofía griega tiene pocas probabilidades de ser demasiado optimista acerca de los efectos de la teoría política; pues observará que el estudio de las formas políticas parece haberse originado del fracaso de los sistemas políticos; y que ni Platón ni Aristóteles se interesaban mucho por los pronósticos, ni eran muy optimistas con respecto al porvenir.
La clase de teoría política que se ha originado en épocas bastante recientes se interesa menos por la naturaleza humana, a la que se inclina a tratar como algo que siempre puede ser plasmado nuevamente para adaptarse a la forma política que se considere más conveniente. Sus verdaderos datos son fuerzas impersonales que pueden haberse originado en el conflicto y combinación de las voluntades humanas pero que han llegado a reemplazarlas. Como parte de la disciplina escolar para los jóvenes, sufre de varios defectos. Tiende, por supuesto, a formar mentes que estarán reguladas para pensar sólo en términos de fuerza impersonales e inhumanos, y, con ello, a deshumanizar a los estudiantes. Por ocuparse en la humanidad solamente como masa, tiende a separarse de la ética; por ocuparse solamente en aquel período reciente de historia durante el cual puede mostrarse más fácilmente que la humanidad ha sido dominada por fuerzas impersonales, reduce el apropiado estudio de la humanidad a los últimos doscientos o trescientos años. Con demasiada frecuencia inculca una creencia en un porvenir inflexiblemente determinado y al mismo tiempo en un porvenir que estamos enteramente libres de plasmar como se nos antoje. El pensamiento político moderno, inextricablemente ligado con la economía y la sociología, se otorga a sí mismo la posición de reina de las ciencias. Porque las ciencias exactas y experimentales se estiman de acuerdo con su utilidad, y se valoran mientras produzcan resultados; ya sea para hacer la vida más cómoda y menos laboriosa, ya sea para tornarla más precaria y terminar con ella más rápidamente. La cultura misma se considera ya como un producto secundario insignificante, que puede ser dejado solo, o como un sector de la vida que debe organizarse de acuerdo con el plan determinado que goza de nuestro favor. No estoy pensando solamente en las filosofías más dogmáticas y totalitarias de la actualidad, sino en las concepciones que informan el pensamiento de cada país y que tienden a ser compartidas por los partidos más opuestos.
Un documento importante en la historia de la dirección política de la cultura será un ensayo de León Trotsky, Literature and Revolution, del que apareció una traducción inglesa en 1925 ¹. La convicción, que parece estar profundamente arraigada en la mente moscovita, de que el papel de la Madre Rusia sea el de contribuir no solamente. con ideas en formas políticas, sino con una manera total de vida para el resto del mundo, ha hecho mucho para que seamos más conscientes de la cultura en el sentido político. Pero ha habido otras causas fuera de la Revolución Rusa para esta consciencia. Las investigaciones y teorías de los antropólogos han desempeñado su papel, y nos han conducido a estudiar las relaciones de las potencias imperiales y los pueblos sometidos, con una atención nueva. Los gobiernos son más conscientes de la necesidad de tomar en cuenta las diferencias culturales; y en el grado en que la administración colonial es controlada desde el centro imperial, estas diferencias llegan a ser de importancia cada vez mayor. Un pueblo aislado no tiene consciencia de poseer "cultura" alguna. Las diferencias entre las diversas naciones europeas en lo pasado no eran lo suficientemente amplias como para que sus pueblos vieran sus culturas como diferentes hasta el punto del conflicto y la incompatibilidad; la consciencia cultural como medio de unir una nación contra otras naciones fué explotada primero por los últimos gobernantes de Alemania. Hoy, hemos llegado a ser culturalmente conscientes en una forma que alimenta al nazismo, comunismo y nacionalismo, todos juntos; en una forma que subraya la separación sin ayudarnos a vencerla.
1´´ Publicado por International Publishers, Nueva York. Es un libro que merece la reedición. No da la impresión de que Trotsky fuera muy sensible a la literatura; pero era, desde su propio punto de vista, muy inteligente en lo que a ello se refiere. Como en todos sus escritos, el libro está recargado con la discusión de personalidades rusas menores, a las que el extranjero ignora y en las que no tiene interés; pero este exceso de detalles, aun cuando contribuyan a dar un sabor regional, da a la obra mayor apariencia de autenticidad, como si hubiera sido escrita más para emitir sus propias opiniones que teniendo en cuenta un auditorio extranjero.




%20Feat.Tkine.png)

