Las Vegas, Los Angeles, Levittown, los edificios swinging del Westheimer Strip, los conjuntos residenciales de golf o yates, las Coop Cities, los decorados de fondo residenciales de los espacios televisivos y de los anuncios de las revistas populares, los carteles luminosos y la Carretera 66 son razones suficientes para cambiar la sensibilidad arquitectónica. Son precisas nuevas fuentes de inspiración cuando las viejas formas se vuelven rancias y el camino no es claro; es cuando una herencia clásica, un movimiento artístico, ingenieros industriales o "la arquitectura sin arquitectos" de los primitivos pueden ayudar a barrer los restos mustios de la antigua revolución, tal como la practicaron los descendientes conservadores de los creadores originarios.
En Estados Unidos, durante los sesenta, otro ingrediente se añadió a la receta para el cambio artístico: la revolución social. La renovación urbana, que dio trabajo a los arquitectos durante dos décadas y que fue el mayor depósito de los restos del movimiento moderno, no sólo estaba artísticamente rancia sino que era también socialmente nociva. La urgencia de la situación social, la crítica social de la renovación urbana y del arquitecto al servicio de un limitado sector rico de la población -en particular la crítica de Herbert Gans- fueron tan importantes como los artistas Pop que llamaron nuestra atención hacia la ciudad existente norteamericana y sus edificios. Si los arquitectos de alto estilo no están produciendo lo que la gente desea o necesita, ¿quién puede enseñarnos y qué podemos aprender de ellos?
Necesidades, en plural
Aprehender las necesidades es la primera razón para ir a la ciudad actual. Una vez allí, la primera lección para un arquitecto es la pluralidad de las necesidades. Ningún constructor en su sano juicio anunciaría: Estoy construyendo para el Hombre. Está construyendo para un mercado, para un grupo de personas definido por el nivel de rentas, la edad, la composición familiar y el estilo de vida. Las Levittowns, los parques de atracciones, las casas urbanas estilo georgiano crecen a raíz de la estimación que se hace de las necesidades de los grupos que formarán sus mercados. La ciudad puede verse como el producto físico de un conjunto de subculturas. De momento, son escasas las subculturas que recurren voluntariamente a los arquitectos.
Por supuesto, aprender de lo que hay está sujeto a los fallos y a las limitaciones de todo análisis conductista que examina la conducta inhibida y qué es lo que haría la gente en condiciones distintas. Los pobres no viven quizá voluntariamente en bloques de viviendas, ni las clases medias en Levittowns; tal vez el estilo georgiano le parezca menos aceptable al residente de una casa urbana que el alquiler. En períodos de escasez de viviendas, éste es un argumento particularmente fuerte contra el conductismo arquitectónico, ya que la gente no tiene voto contra una determinada oferta, absteniéndose si no hay otra alternativa. Para contrarrestar este peligro, hay que procurar poner en comparación ambientaciones donde, por cualquier razón, las coacciones no existen. Hay ambientaciones que sugieren lo que serían los gustos de los grupos coaccionados económicamente si lo estuvieran menos. Son las ambientaciones de nouveau riche: Hollywood hace unos años, Las Vegas ahora, y las casas de los actores de cine, de los deportistas y otros grupos en los que la movilidad ascendente puede parecer un despegue vertical, incluso allí donde se fomenta el mantenimiento de antiguos sistemas de valores. Otra fuente son los decorados en los medios de comunicación, el cine, los espacios televisivos, los anuncios de conservas y de barniz para muebles. Aquí, el fin no es vender casas, sino otra cosa, y el escenario representa la idea (¿Madison Avenue? *) de lo que desea en una casa el comprador de conservas o el espectador de televisión. Ahora bien, la visión de Madison Avenue puede estar deformada como la del arquitecto, y debería estudiarse a la luz de lo que procura vender -¿debe la arquitectura de un anuncio de conservas parecer tan hogareña como lo es mi casa o elegante como la suya si es para venderme conservas? Pero, por lo menos, es otra deformación, una alternativa a la contemplación de lo que se considera esencial en la arquitectura, a la que recurrimos tantas veces para investigar, por ejemplo, preguntándonos: ¿Qué hizo Le Corbusier? Tanto Madison Avenue como el constructor, aunque poco pueden decirnos de las necesidades de los más pobres, cubren una capa más amplia de la población y se someten a un test de mercado más estricto que el arquitecto al trabajar en la renovación urbana o en la vivienda de promoción pública, y si lo único que aprendemos de estas fuentes es que la arquitectura debe diferir según los diferentes grupos, ya es mucho.
Sin embargo, una alternativa para los dos consiste en examinar lo que hace la gente con los edificios en Levittowns, Society Hills, zonas industriales y suburbios pobres, una vez que viven en ellos. En este caso, los costos y la disponibilidad son fuerzas menos coactivas, ya que la empresa es menor. Así, los cambios tienden con frecuencia a ser más simbólicos que estructurales y las aspiraciones pueden quizás estar ligadas con más facilidad a símbolos que a estructuras.
El hecho de prestar atención a edificios ya construidos para obtener información acerca de las necesidades no implica que no sean también muy necesarias encuestas sobre lo que desea la gente. Este es un punto de gran importancia, como lo es también la relación entre los dos tipos de examen, el preguntar y el mirar; pero éste no es el objeto de este estudio, que procura investigar qué puede aprenderse de los productos de la cultura pop.
El análisis formal como investigación del diseño
La segunda razón para tener en cuenta la cultura pop es la de encontrar vocabularios formales para nuestro tiempo que sean más adecuados a las distintas necesidades de la gente y más tolerantes con el desorden de la vida urbana que las normas formales “racionalistas" y cartesianas de la última arquitectura moderna.
¿Cuántas viviendas económicas y cuánta arquitectura decimonónica ha sido derrumbada para que algún ordenado purista arquitecto o urbanista, pudiera empezar con el papel en blanco?
Los arquitectos modernos pueden admitir ahora que, si la forma arquitectónica está determinada por cualquier fuerza, proceso y tecnología, las ideas sobre la forma también la determinan; que un vocabulario formal es parte de la arquitectura, del mismo modo que los ladrillos y el mortero (plástico y sistemas, para los futuristas); que la forma no viene dada, no puede venir dada sólo por la función, recién nacida e inocente como Venus en su concha, sino que la forma sigue más bien, función, fuerzas y forma interaliadas. Las deformaciones formales, si son conscientemente aceptadas, no tienen por qué tiranizar, como lo hicieron en la renovación urbana; y los vocabularios formales, dado su lugar en la arquitectura, pueden ser estudiados y mejorados para responder a exigencias funcionales, en lugar de ser aceptados inconsciente e inadecuadamente -como un antiguo legado de un maestro poco apropiado.
Las formas del paisaje pop son tan importantes para nosotros ahora como lo fueron las formas de la antigua Roma para las Bellas Artes, el cubismo y la arquitectura mecánica para los primeros modernos, y los suburbios industriales y el Dogon para el Team 10, lo cual es decir que es extremadamente importante, mucho más que el último batiscafo o el lanzamiento de un cohete. Contrariamente a éstos, las formas pop se refieren a nuestra condición, no sólo desde un punto de vista estético, sino también a muchos niveles de necesidad, desde la necesidad social de dar viviendas a los pobres sin destruir las existentes hasta la necesidad arquitectónica de producir edificios y medios ambientes que otros gustarían o necesitarían. El paisaje pop difiere de los modelos anteriores en que es también el lugar donde se construye, es nuestro contexto. Y es una de las pocas fuentes contemporáneas de información acerca de los aspectos simbólicos y comunicativos de la arquitectura, ya que fue ignorada por los movimientos modernos puristas, que reducían la arquitectura sólo a espacio y estructura. Pero el análisis formal presenta problemas. Primero, puesto que la forma fue considerada durante tanto tiempo una cuestión no válida, perdimos la costumbre de analizarla, y segundo, las formas con las que tratamos son nuevas y no se relacionan fácilmente con las técnicas de análisis y comunicación arquitectónicas y urbanísticas tradicionales. La interpretación ortográfica aclara difícilmente la esencia del anuncio del Stardust, y, aunque este anuncio tiene la longitud de una manzana, no aparecería en un plano de uso del suelo. El espacio suburbano, al ser un espacio automovilístico, no se define por paredes y pisos envolventes y, por lo tanto, no es fácil describirlo gráficamente mediante sistemas reservados a la descripción de edificios. De hecho, el espacio no es el elemento constitutivo más importante de la forma suburbana, la comunicación a través del espacio lo es mucho más, y esto requiere un elemento simbólico y de tiempo en sus sistemas descriptivos que se definen sólo muy lentamente.
Nuevas técnicas analíticas utilizan el film y el videotape para explicar el dinamismo de la arquitectura del anuncio y la experiencia de atravesar vastos paisajes por secuencias; también son necesarios los computadores para acumular la información masiva en modelos comprensivos. Muchas técnicas tradicionales de valor deberían ser también desenterradas por adecuarse al nuevo fenómeno; por ejemplo, la técnica de hacer mapas, creada en el siglo dieciocho por Nolli, y, que él aplicó a la ciudad de Roma y que ahora podría también adaptarse incluyendo los aparcamientos, contribuye mucho a comprender Las Vegas. Podría también acomodarse con gran facilidad a la técnica de computadores.
El análisis formal debería ser comparativo, ligar las nuevas formas, por comparación, al resto de la tradición formal de la arquitectura; debería, en consecuencia, incorporarlas a la disciplina arquitectónica y ayudarnos a entender nuestra nueva experiencia a la luz de nuestra primera formación.
Al sugerir que la forma debería ser analizada, no quiero decir que la función (como un análisis profundo del programa), las tecnologías o las fuerzas (entendiendo por éstas los procesos sociales urbanos o la economía territorial) no son vitales para la arquitectura ni tampoco que no pueden servir como fuentes de inspiración artística para el arquitecto. Todo es necesario y funciona en combinación. Los demás elementos no son, simplemente, motivo de este estudio.
La lata de sopa y el establishment
Hay una ironía en el hecho de que la cultura "popular" y el paisaje popular no son populares para los que toman decisiones acerca de la renovación de la ciudad y de la construcción de viviendas para pobres. Transcribo aquí un párrafo escrito por John Kenneth Galbraith, un liberal importante e influyente, de un artículo publicado en "Life": 1
"Para el ciudadano medio, hay tests muy simples que indican cuándo hemos pasado del encantamiento a la acción práctica en el medio ambiente. La restricción del uso del automóvil en las grandes ciudades podrá ser uno de ellos. Otro, podrá ser la supresión en las autopistas de los anuncios, la peor eflorescencia, y casi la más inútil, de nuestra civilización industrial. Otro aún, podrá ser la instalación en el subsuelo de conducciones eléctricas y telefónicas en todas partes de las grandes ciudades y la aceptación por nuestra parte de que nos lo carguen en la cuenta.
"Mi test personal, valga lo que valga, se refiere a la estación de servicio. Es la pieza arquitectónica más repelente de los últimos doscientos años. Hay muchas más de las que son necesarias. Están, por lo general, sucias. Su mercancía está empaquetada en un modo espantoso y expuesta en forma llamativa. Son adictas incontrolables a los largos hilos de banderitas andrajosas. Las protege una nefasta coalición de hombres de negocios pequeños y poderosos. Las estaciones de servicio deberían ser completamente excluidas de casi todas las calles y autopistas. Allí donde fueran permitidas, deberían reducirse a un número limitado y debería haber exigencias estrictas en cuanto a su arquitectura y a su aspecto general. Cuando empecemos con ello (es extensivo también al comercio a los lados de la carretera), creeré, por fin, que somos personas serias." ”
No menciona siquiera la necesidad de viviendas de renta limitada como un problema urgente del medio ambiente, y, en mi opinión, él debería haber insistido más en la economía.
Comparten el criterio convencional de Galbraith sus colegas, los viejos radicales de la arquitectura que encabezan las comisiones de Bellas Artes en América, los departamentos de "diseño" del HUD y las agencias de planeamiento y desarrollo que construyen para el gran público y para las corporaciones privadas que controlan los que hacen la ciudad. Si el público tiene que estar bien servido por sus decisiones, estos miembros del establishment arquitectónico deberían aprender a desligar su estética de consideraciones acerca de la "contaminación del medio ambiente". El agua sucia y los anuncios pertenecen a problemas de distinta magnitud y orden. El primero realmente lo es, pero el segundo no; en particular, si se nos da la posibilidad de estudiarlos durante un tiempo, sin prejuicios.
Cuando los barrios "marchitos" sean barridos a la vez que los anuncios y las estaciones de servicio, para evitar la "contaminación visual", el daño social puede ser irreparable. Sin embargo, no se destruye una vieja fórmula estética, por muy embarazosa que se revele, hasta que no haya otra para reemplazarla, ya que, como pudimos ver, la forma depende de la forma para su realización. Y, para el establishment arquitectónico, el nuevo vocabulario tiene que tener un linaje respetable. Por lo tanto, si el entorno popular es el que ha de provocar este vocabulario, debe ser filtrado a través de procesos adecuados para su aceptación. Debe convertirse en parte de una alta tradición artística; debe ser la vanguardia de los últimos años. Esta es otra razón para someter el nuevo paisaje a un análisis arquitectónico tradicional: con el fin de que sea aceptado por el establishment.
No pueden aprender del pop hasta que el pop no cuelgue en la academia.
¡Ale hop pop!
He recomendado una investigación de las formas de la nueva ciudad actual en sus dos aspectos social y estético a los arquitectos que desean profundizar su conocimiento hacia caminos nuevos. El arte culto siguió al arte menor ya anteriormente, y viceversa. Pero, veamos, ¿de dónde provienen la parábola de MacDonald y los chaletitos?
En el movimiento que va desde el arte menor al arte culto hay un elemento que suspende el juicio. El juicio se retiene en favor de la comprensión y la receptibilidad. Es una técnica heurística estimulante, pero En el movimiento que va desde el arte menor al arte culto hay un elemento que suspende el juicio. El juicio se retiene en favor de la comprensión y la receptibilidad. Es una técnica heurística estimulante, pero también puede ser peligrosa, ya que amar toda la cultura pop es tan irracional como odiarla toda, y nos tráe la visión de una subida al carro del pop, general e indiscriminada, donde todo es bueno y en el que el juicio antes se abandona que se suspende. Sin embargo, los artistas, los arquitectos, los actores, deben juzgar, esperemos, con un suspiro. Tras un período aceptable, un criterio apropiado debe surgir de la nueva fuente. El juicio se aplaza simplemente para que el juicio posterior sea más sensible.
