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domingo, 15 de marzo de 2026
La multitud y el público - Kingsley Davis -MHPLO - (EPUB) (DESCARGA) EBook
lunes, 9 de marzo de 2026
Noticias , Verdad...Y una conclusión - Por Walter Lippmann
Cuando comenzamos a hacer estudios más y más exactos sobre la prensa, mucho depende de la hipótesis que tenemos. Si suponemos con Sinclair, y la mayoría de sus opositores, que las noticias y la verdad son dos palabras que dicen una misma cosa, creo que no llegaremos a ningún lado. Probaremos que, sobre tal punto, el periódico mintió, que, sobre tal otro, quien mintió fue Sinclair en su relato. Demostraremos que Sinclair mintió al decir que alguien mentía y que alguien mintió al decir que mentía Sinclair. Daremos salida a nuestros sentimientos, pero éstos se perderán en el aire.
La hipótesis que me parece más fecunda es que las noticias y la verdad no son una misma cosa, y deben ser claramente distinguidas. La función de las noticias es señalar un hecho, la de la verdad es iluminar hechos ocultos, ordenarlos en relación los unos con los otros, y hacer una imagen de la realidad según la cual puedan actuar los hombres. Sólo en esos puntos, donde las condiciones sociales adoptan formas reconocibles y mensurables, coincide la verdad con las noticias. Pero eso representa una parte comparativamente pequeña del campo entero de interés humano. En este sector, y sólo en este sector, las pruebas a que se someten las noticias son lo suficientemente exactas como para hacer que los cargos de perversión o supresión sean algo más que juicios partidarios. No hay defensa, atenuante o excusa para el hecho de afirmar seis veces que Lenin ha muerto, cuando toda la información que posee el periódico al respecto es un comunicado de su muerte que proviene de una fuente que se ha mostrado, en repetidas ocasiones, poco digna de confianza. La noticia, en ese caso, no es "Lenin ha muerto", sino "Helsinfors dice que Lenin ha muerto". Y se le puede pedir a un periódico que asuma la responsabilidad de no dar por más segura la muerte de Lenin que la seriedad de la fuente de noticias. Si existe un tema sobre el cual los editores deben mostrarse más responsables, es el juzgar la seriedad de la fuente. Pero cuando se tienen que manejar, por ejemplo, informes sobre lo que desea el pueblo ruso, no existe dicha posibilidad de prueba.
Creo que la ausencia de esas pruebas exactas explica el carácter de la profesión como no lo hace ninguna otra explicación. Hay una cantidad muy reducida de conocimientos exactos que, para ser manejados, no requieren ninguna habilidad ni entrenamiento extraordinarios. El resto se deja a la discreción del propio periodista. Una vez que sale de la región donde el hecho que John Smith ha quebrado está definitivamente registrado en la oficina del Registro Civil, todas las reglas fijas desaparecen. La historia de por qué fracasó John Smith, de sus debilidades humanas, el análisis de las condiciones económicas que determinaron su caída, todo esto puede ser contado de cien maneras diferentes. No existe una disciplina en psicología aplicada, como en medicina, ingeniería y aun en abogacía, que tenga autoridad para dirigir la mente del periodista cuando pasa de las noticias al vago reino de la verdad. No existen cánones para dirigir su mente, como tampoco cánones que fuercen el juicio del lector o editor. Su versión de la verdad será tan sólo su versión. ¿Cómo demostrar la verdad tal como él la ve? No puede hacerlo, como tampoco puede demostrar Sinclair Lewis haber dicho toda la verdad sobre Main Street. Y cuanto más comprenda sus propias debilidades, más fácilmente admitirá que, donde no hay una prueba objetiva, su propia opinión, en cierta medida vital, es construida con sus propios estereotipos, de acuerdo con su propio código, y por la urgencia de su propio interés. El sabe que ve el mundo a través de lentes subjetivos. No puede negar que él es también, como notó Shelley, una cúpula de vidrios multicolores que tiñen el blanco resplandor de la eternidad.
Y, al conocer esto, su seguridad se atenúa. Podrá tener grandes dosis de coraje moral, y a veces las tiene, pero carece de esa convicción reconfortante dada por cierta técnica particular que liberó finalmente a las ciencias físicas del control teologal. El desarrollo gradual de un método incontestable dio al físico su libertad intelectual respecto de los poderes del mundo. Sus pruebas eran tan claras, su evidencia tan agudamente superior a la tradición, que finalmente se liberó de todo control. Pero el periodista no tiene un apoyo así, ni en su conciencia, ni en la realidad. El control ejercido sobre él por las opiniones de sus empleadores y de sus lectores, no es el control de la verdad por el prejuicio, sino de una opinión por otra opinión que no puede demostrarse que sen menos cierta. Entre la afirmación del juez Gary, de que los gremios destruírán las instituciones norteamericanas, y la afirmación del señor Gomper, de que son órganos de los derechos del hombre, la elección, en gran medida, debe ser guiada por el deseo de creer.
La tarea de reducir estas controversias a un punto en donde puedan ser transmitidas como noticias no es una tarea que pueda realizar el reportero. Es posible y necesario que los periodistas hagan tomar conciencia a la gente del carácter inseguro de la verdad sobre la cual se fundan sus opiniones y que, mediante críticas y agitación, impulsen a la sociología a formular los hechos sociales de manera más utilizable y a los hombres de Estado a fundar instituciones más visibles. En otras palabras, la prensa puede luchar por la extensión de la verdad relatable. Pero tal como hoy está organizada la verdad social, la prensa no está hecha para ofrecer, entre una y otra edición, la cantidad de conocimientos que pide la teoría democrática de la opinión pública. Esto no se debe al "cheque deleznable", como lo demuestra la calidad de la información en los periódicos radicales, sino al hecho de que la prensa trata con una sociedad en la cual se lleva tan mal el registro de las fuerzas gobernantes. La teoría de que la misma prensa puede registrar esas fuerzas es falsa. Normalmente, sólo puede registrar lo que ya ha sido registrado para ella por el trabajo de las instituciones. Todo lo demás es disputa y opinión, y fluctúa con las vicisitudes, el coraje y la conciencia que tiene de sí misma la mente humana.
Si bien la prensa no es tan universalmente perversa ni tan profundamente conspiradora como nos ha querido hacer creer Sinclair, es mucho más frágil de lo que hasta ahora ha admitido la teoría democrática. Es demasiado frágil para hacerse cargo de de todo el peso de la soberanía popular, para proveer espontáneamente la verdad que los demócratas pretendían innata, y cuando pretendemos que así lo haga, empleamos una norma errónea para establecer el juicio. No comprendemos la naturaleza limitada de las informaciones, la ilimitada complejidad de la sociedad, y estimamos en exceso nuestra propia resistencia, nuestro espíritu público y nuestra competencia general. Suponemos un apetito por las verdades insípidas que no demuestra un análisis de nuestros propios gustos.
Si se atribuye, entonces, a los periódicos el deber de transmitir toda la vida pública a la humanidad, de manera que cada adulto pueda llegar a tener una opinión sobre cada tema discutible, fracasarán y continuarán fracasando en todo futuro que podamos imaginar. No es posible suponer que un mundo, organizado según la división del trabajo y la distribución de la autoridad, pueda ser gobernado con las opiniones universales de la población entera. De manera inconsciente, la teoría presenta al lector individual como un ser teóricamente "omnicompetente", y carga a la prensa con la responsabilidad de lograr lo que no han sabido lograr el gobierno representativo, la organización industrial y la diplomacia. Se le pide a la prensa, que ejerce su influencia sobre la gente durante treinta minutos de las veinticuatro horas, que origine una fuerza mística, llamada Opinión Pública, para tomar la iniciativa en las instituciones públicas. A menudo, la prensa ha pretendido erróneamente que podía hacer eso mismo. Perjudicándose mucho moralmente, ha incitado a una democracia, aún ligada a sus premisas originales, a esperar que los periódicos suministren espontáneamente para cada órgano del gobierno y para cada problema social la maquinaria informativa que éstos normalmente no se suministran a sí mismos. Las instituciones, al no haber logrado equiparse con instrumentos de conocimiento, se han convertido en una masa de "problemas", y se supone que la población entera, al leer la totalidad de la prensa, tiene que resolverlos.
En otras palabras, se ha llegado a considerar la prensa como un órgano de democracia directa, encargada, día a día y en mayor escala, de las funciones atribuidas a menudo a la iniciativa, al referéndum y a la memoria. Se supone que la Corte de la Opinión Pública, abierta día y noche, ha de dictar leyes referentes a todas las cosas y para todos los tiempos. Esto no es posible, y cuando se considera la naturaleza de las informaciones, ni siquiera pensable. Como hemos visto, la precisión de las noticias es proporcional a la precisión con la cual se registra el hecho. A menos que a éste pueda dársele un nombre, una medida, una forma y un valor específico, no llega a tener carácter de noticia, o está sujeto a los accidentes y prejuicios de la observación.
Por lo tanto, en general, la calidad de las noticias sobre la sociedad moderna es un índice de su organización social. Cuanto mejores sean las instituciones, y más numerosos los intereses en juego que estén formalmente representados, las cuestiones de principio que se resuelvan, y los criterios objetivos que se introduzcan, tanto más perfectamente un asunto será presentado como información. En el mejor de los casos, la prensa es sirviente y guardián de las instituciones; en el peor, es un medio gracias al cual unos pocos explotan la desorganización social para fines propios. En la medida en que las instituciones no logran funcionar, el periodista sin escrúpulos puede pescar en rio revuelto y el periodista consciente ha de aventurarse con incertidumbres.
La prensa no sustituye a las instituciones. Es como el rayo de un proyector que se mueve de aquí para allí, haciendo emerger un episodio y luego otro de la oscuridad al campo de la visión. Pero los hombres no pueden hacer el trabajo del mundo sólo con esta luz, no pueden gobernar a la sociedad por episodios, incidentes y erupciones. Es tan sólo cuando trabajan con una luz firme y propia que la prensa, al tornarse hacia ellos, revela una situación lo suficientemente inteligible para una decisión popular. El problema está más allá de la prensa, como también el remedio. Este último se encuentra en la organización social basada en un sistema de análisis y registro, y en todos los corolarios de ese principio; en el abandono de la teoría del ciudadano "omnicompetente", en la descentralización de la decisión, en la coordinación de la misma mediante registros y análisis comparables. Si en los centros de dirección hay una compulsión permanente, que hace que el trabajo sea más inteligible para quienes lo hacen y quienes lo supervisan, las cuestiones de principio cuando surgen no serán simples choques a ciegas. Asimismo, en ese caso, las noticias son suministradas a la prensa por un sistema de información que actúa también como freno de la misma.
Es ésta una manera radical de actuar. Los problemas de la prensa, como los problemas del gobierno representativo, ya sea territorial o funcional, como los problemas de la industria, ya sea capitalista, cooperativa o comunista, remontan a un origen común: el fracaso de los pueblos autogobernantes, que no lograron superar sus experiencias casuales y sus prejuicios, con la invención, creación y organización de una maquinaria del conocimiento. Por estar obligados a obrar sin una imagen del mundo digna de confianza, los gobiernos, escuelas, periódicos e iglesias progresan muy poco contra las deficiencias más evidentes de la democracia, contra los prejuicios violentos, la apatía, la preferencia por lo curioso y trivial más que por lo importante y aburrido, y la avidez por las exhibiciones sensacionalistas. Este es el primer defecto del gobierno popular, un defecto inherente a sus tradiciones, y del cual creo que surgen todos los demás defectos de este gobierno.
Walter Lippmann - 1949
martes, 24 de febrero de 2026
Acumulación y Creatividad Por Celso Furtado
Acumulación y Creatividad - Celso Furtado
lunes, 9 de febrero de 2026
Nueva Temporada - Diffusion Offline - Tango Days - Temporada 2 (Link Descarga - Mediafire) 2026
DESCARGA : https://www.mediafire.com/file/weqnwxnx6c1roxp/Diffusion+Offline+-+Tango+Days+-+Temporada+2.rar/file
sábado, 24 de enero de 2026
La Intuición sensible - Jaime Balmes -
LA INTUICION SENSIBLE
SUMARIO: Qué es la intuición. Es propia de las facultades perceptivas. Cuáles son las sensaciones externas intuitivas. - Por qué no lo son las internas. Lo serían sin la reflexión. Sin ésta unas lo serían siempre, otras nunca. Sentido de esta aserción.
1. ¿En qué consiste la intuición? La intuición propiamente dicha es el acto del alma con que percibe un objeto que la afecta: así lo indica la significación latina del nombre, el cual se deriva del verbo intueri, mirar una cosa que se tiene presente.
2. La intuición no cabe sino en las potencias perceptivas, es decir, en aquellas por las que el sujeto afectado distingue entre su afección y el objeto que la causa. No quiero decir que semejante distinción haya de ser reflexiva; sino únicamente que el acto interno se ha de referir a un objeto. Si suponemos un ser que experimenta varias afecciones, sin referirlas a ningún objeto ni reflexionar sobre las mismas, no se podrá decir con propiedad que tenga verdadera intuición: ésta parece envolver el ejercicio de una actividad que se ocupa en un objeto presente. El objeto de la intuición no siempre ha de ser externo; puede ser una de las afecciones o acciones del alma objetivadas por un acto de reflexión.
3. Las sensaciones que con más propiedad se llaman intuitivas son las de la vista y del tacto, puesto que, percibiendo la extensión misma y siéndonos imposible considerar a ésta como un hecho puramente subjetivo, los actos de ver y tocar envuelven necesariamente relación a un objeto. Los demás sentidos, aunque en algún modo están relacionados con la extensión, no la perciben directamente; y, por tanto, si estuviesen solos tendrían más de afectivo que de intuitivo, esto es, que el alma sería afectada por estas sensaciones sin necesidad de referirlas a objetos externos. Si la reflexión, fijándose sobre dichas sensaciones, llegase a enseñar, como en efecto lo enseñaría, que la causa de ellas es un ser distinto del que las experimenta, tampoco habría verdadera intuición, porque ésta no existiría ni para los sentidos, que permanecerían ajenos a las combinaciones reflexivas, ni para el entendimiento, que conocería la causa de las sensaciones no por intuición, sino por discurso.
4. De esto se infiere que no toda sensación es intuición, y que las reproducciones imaginarias de sensaciones pasadas, o la producción, imaginaria también, de sensaciones posibles, aunque se llamen a menudo intuiciones, no merecen con propiedad el nombre de tales, a causa de que no se refieren a un objeto. Sin embargo, aquí es menester observar que los fenómenos de la sensibilidad puramente interna tal vez deben el no referirse a objetos al hábito de la reflexión, la cual percibe las diferencias de tiempo, la mayor o menor viveza de las sensaciones, su enlace más o menos constante y otras circunstancias, por las cuales distingue entre las representaciones que se refieren actualmente a un objeto, como las sensaciones externas, y las que sólo le tiene pasado o posible, como las representaciones puramente internas. Así experimentamos que cuando la sensibilidad puramente interna se halla del todo abandonada a sí misma, sin el auxilio de la reflexión, traslada a lo exterior todo cuanto se le ofrece, convirtiendo en realidades las apariencias imaginarias. Esto se verifica en el sueño, y aun durante la vigilia, cuando por algún trastorno cerebral la sensibilidad obra enteramente sola, independientemente de la reflexión.
5. La causa de que la sensibilidad entregada a sí misma objetive todas sus impresiones se halla en que, siendo una facultad no reflexiva, no puede distinguir entre la afección procedente de lo exterior y la puramente interna. Como la comparación, por poca que sea, implica un acto reflejo, la sensibilidad no compara, de donde resulta que, cuando el sujeto no hace más que sentir, no puede apreciar las diferencias de las sensaciones, midiendo los grados de su viveza, ni tampoco percibir la existencia o la falta del orden y constancia de su enlace.
La facultad de sentir es enteramente ciega para todo lo que no es su objeto determinado; lo que no se halla en éste, en cuanto objeto de dicha facultad, no existe para ella en ninguna parte, por lo cual se echa de ver que abandonada a sí misma objetivará su impresión, se creerá siempre intuitiva, convirtiendo en realidad la simple apariencia.
6. Es digno de notarse que, de las facultades sensitivas, las unas serían siempre intuitivas, esto es, se referirían siempre a un objeto externo si no las acompañase la reflexión; mientras que otras no lo serían, jamás si estuviesen separadas de la reflexión o no anduviesen acompañadas de las que lo son por su naturaleza. Son de la primera clase las representativas propiamente dichas, esto es, las que afectan al sujeto sensitivo, presentándole una forma, imagen real o aparente, de un objeto. Tales son las de la vista y del tacto, que no pueden existir ni aún concebirse sin dicha representación. Por el contrario, las demás sensaciones no ofrecen al sujeto sensitivo ninguna forma; son simples afecciones del mismo sujeto, aunque procedan de una causa externa; si las referimos a los objetos es por reflexión, y cuando ésta nos advierte que llevamos la referencia demasiado lejos, atribuyendo al objeto externo no sólo el principio de causalidad, sino también la sensación en sí misma, fácilmente conocemos la ilusión y nos despojamos de ella. Esto no se verifica en las sensaciones representativas: nadie, por más esfuerzos que haga, será capaz de persuadirse que fuera de sí no hay algo real, semejante a la representación sensible, en que se ofrecen los objetos como extensos.
7. Cuando digo que algunas sensaciones no serían intuitivas si no las acompañase la reflexión, no quiero dar a entender que el hombre las refiera a un objeto, previa la reflexión explícita, puesto que no puedo olvidar lo que en otra parte (véanse libs. 2º y 39) llevo explicado extensamente sobre el modo instintivo con que se desenvuelven nuestras facultades en sus relaciones con el mundo corpóreo, anteriormente a toda reflexión: sólo quiero significar que en dichas sensaciones, consideradas en sí mismas y en completo aislamiento, no se encuentra una relación necesaria a un objeto como representado, y que probablemente en el instinto que nos las hace objetivar, si no se mezcla una reflexión confusa, entra alguna parte de la influencia de las demás sensaciones que son representativas por su objeto propio.
miércoles, 21 de enero de 2026
Nuevo Album - Ignacio Perez Vizzon - Fe y Ténica (2026) - Descarga Mediafire Link WAV
DESCARGA:
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jueves, 8 de enero de 2026
Difusion Offline - Cronicas Diffusas -TODAS LAS TEMPORADAS - Descarga - Links - Mp3
TEMPORADA 5: https://www.mediafire.com/file/y997aafr948hz9n/Diffusion_Offline_-__Cronicas_Diffusas_Mp3_-_Temporada_5.rar/file
TEMPORADA 6: https://www.mediafire.com/file/d5bwthey2cnkxm3/Diffusion_Offline_-_Cronicas_Diffusas_Mp3_-_Temporada_6.rar/file
TEMPORADA 7: https://www.mediafire.com/file/ayy1x4pcjeu7o1u/Diffusion_Offline_-_Cronicas_Diffusas_Mp3_-_Temporada_7.rar/file
TEMPORADA 8. https://www.mediafire.com/file/u15uyy2s0ew9tpk/Diffusion+Offline+-+Cronicas+DIffusas+Mp3+-+Temporada+8.rar/file
TEMPORADA 9; https://www.mediafire.com/file/43htzr9prtd8qri/Diffusion_Offline_-_Cronicas_Diffusas_Mp3_-_Temporada_9.rar/file
TEMPORADA 10 : https://www.mediafire.com/file/3bsfmqv8j3mqra5/Diffusion+Offline+-+Cronicas+Diffusas+Mp3+-+Temporada+10.rar/file





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