lunes, 19 de diciembre de 2016
Un Parricida , Guy Maupassant
EL abogado había alegado locura. ¿De qué otro modo explicar aquel extraño crimen?
Cierta mañana, entre los cañaverales, cerca de Chatou, habían encontrado dos cadáveres abrazados; una mujer y un hombre, personas conocidas de la buena sociedad, ricas, ya no muy jóvenes, y casados solamente el año anterior, porque la mujer sólo era viuda desde hacía tres años.
No se les conocían enemigos, no les habían robado. Al parecer les habían tirado desde la ribera al río, después de haberlos herido, uno tras otro, con un largo estilete.
La investigación no descubría nada. Nada sabían los marineros interrogados; ya iba a sobreseerse el caso cuando un joven ebanista de un pueblo vecino, llamado Georges Louis, y apodado "el burgués" se entregó prisionero.
En todos los interrogatorios únicamente respondió esto:
—Conocí al hombre hace dos años, a la mujer hace seis meses. Venían a menudo para encargarme que restaurase muebles antiguos, porque soy hábil en mi oficio.
Y cuando le preguntaban:
—¿Por qué los mató?
Respondía obstinado:
—Los maté porque quise matarlos.
No pudieron sacarle mas.
El hombre era sin duda hijo natural, dado a criar en otro tiempo en la región y luego abandonado. No tenía más nombre que Georges Louis, pero, como al crecer resultó singularmente inteligente, con gustos y delicadezas instintivas que no poseían sus camaradas, lo apodaron "el burgués", y nadie le llamaba de otro modo. Tenía fama de ser notablemente hábil en el oficio de ebanista que había adoptado. E incluso hacía algunos trabajos como tallista. También se le tenía por exaltado, partidario de las doctrinas comunistas y hasta nihilista, gran lector de novelas de aventuras, de novelas con dramas sangrientos, elector influyente y orador hábil en las reuniones públicas de obreros o campesinos.
El abogado había alegado locura.
Porque ¿cómo si no admitir que aquel obrero hubiese matado a sus mejores clientes, unos clientes ricos y generosos (él lo reconocía), que en dos años le habían encargado trabajos por valor de tres mil francos (de ello daban fe sus libros)? Sólo podía haber una explicación: la locura, la idea fija del desclasado que se venga en dos burgueses de todos los burgueses, y el abogado hizo una hábil alusión a ese apodo de EL BURGUÉS que la región daba al niño abandonado; exclamaba:
—¿No es una ironía, y una ironía capaz de exaltar más aún al desventurado muchacho sin padre ni madre? Es un republicano ardiente. ¿Qué digo? Pertenece incluso a ese partido político que la República fusilaba y deportaba no hace mucho, al que hoy acoge con los brazos abiertos, a ese partido para el que el incendio es un principio y el asesinato un recurso muy simple.
"Esas tristes doctrinas, aclamadas ahora en las reuniones públicas, han provocado la perdición de ese hombre. Ha oído a los republicanos, a mujeres incluso, sí, a mujeres, pedir la sangre del señor. Gambetta, la sangre del señor Grévy; su espíritu enfermo se trastornó: ¡también él quería sangre, sangre de burgués!
"¡No es a él a quien hay que condenar, señores, es a la Comuna!"
Corrieron murmullos de aprobación. Se notaba claramente que el abogado había ganado la causa. El ministerio fiscal no replicó.
Entonces el presidente hizo al reo la pregunta de costumbre:
—Acusado, ¿tiene usted algo que añadir en su defensa?
El hombre se levantó.
Era de pequeña estatura, de un rubio de lino, ojos grises, fijos y brillantes. De aquel frágil muchacho salía una voz fuerte, franca y sonora y cambiaba repentinamente, a las primeras palabras, la opinión que se hubieran hecho de él.
Habló con altivez, en un tono declamatorio, pero tan nítido que sus menores palabras se hacían oír en el fondo de la gran sala:
—Señor presidente, como no quiero ir a una casa de locos, y antes prefiero la guillotina, voy a decirle todo.
"Maté a ese hombre y a esa mujer porque eran mis padres.
"Ahora, escúcheme y júzgueme.
"Tras haber dado a luz un niño, una mujer lo envió a cierto lugar para que lo criasen. Tal vez ni siquiera supo a qué región llevó su cómplice al pequeño ser inocente, pero ya condenado a la miseria eterna, a la vergüenza de un nacimiento ilegítimo, y aún más, a la muerte, puesto que lo abandonaron, puesto que la nodriza, al dejar de recibir la pensión mensual, podía, como hacen a menudo, dejarlo perecer, sufrir hambre y morir de abandono.
"La mujer que me crió fue honrada, más honrada, más mujer, más grande, más madre que mi madre. Ella me crió. Hizo mal cumpliendo su deber. Más vale dejar perecer a esos infelices arrojados a los pueblos de las afueras como se arroja la basura fuera de las aceras.
"Crecí con la vaga impresión de que sobre mí llevaba una deshonra. Los otros niños me llamaron un día "bastardo". No sabían lo que significaba esa palabra, oída por uno de ellos en casa de sus padres. También yo la ignoraba, pero la sentí.
"Puedo afirmar que yo era uno de los más inteligentes de la escuela. Hubiera sido un hombre honrado, señor presidente, acaso un hombre superior, si mis padres no hubieran cometido el crimen de abandonarme.
"Y ese crimen, ellos lo cometieron contra mí. Yo fui la víctima, ellos los culpables. Yo estaba indefenso, ellos fueron despiadados. Debían amarme: me rechazaron.
"Yo, sí, les debía la vida; pero ¿es la vida un regalo? En cualquier caso, la mía no era más que una desgracia. Tras su vergonzoso abandono, no les debía otra cosa que la venganza. Ellos hicieron contra mí el acto más inhumano, el más infame, el más monstruoso que puede cometerse contra un ser.
"Un hombre injuriado golpea; un hombre robado recupera lo que es suyo por la fuerza. Un hombre engañado, burlado y martirizado, mata; un hombre abofeteado, mata; un hombre deshonrado mata. Yo fui más robado, engañado, martirizado, abofeteado moralmente y deshonrado que todos esos cuya cólera usted absuelve.
"Me he vengado, he matado. ese era mi legítimo derecho. Tomé su vida a cambio de la vida horrible que ellos me impusieron.
"Hablarán ustedes de parricidio. ¿Eran mis padres esas personas para las que yo fui una carga abominable, un terror, una mancha de infamia; para quien mi nacimiento fue una calamidad y mi vida una amenaza de vergüenza? Buscaban un placer egoísta; tuvieron un hijo imprevisto. Eliminaron al niño. Ha llegado mi turno de hacer lo mismo con ellos.
"Y sin embargo, hasta hace poco todavía, estuve dispuesto a quererles.
"Hace dos años, ya se lo he dicho, el hombre, mi padre, entró en mi casa por primera vez. Yo nada sospechaba. Me encargó dos muebles. Supe más tarde que se había informado por el cura, bajo secreto de confesión, por supuesto.
"Volvió a menudo; me daba trabajo y pagaba bien. En ocasiones incluso hablaba un poco de unas cosas y otras. Sentí en mí afecto por él.
"A comienzos de este año trajo a su mujer, mi madre. Cuando ella entró, temblaba tanto que la creí enferma de una dolencia nerviosa. Luego pidió un asiento y un vaso de agua. No dijo nada: miró mis muebles con aire enloquecido y sólo respondía sí y no, a tontas y a locas, a cuantas preguntas yo le hacía. Cuando se hubo marchado, la creí algo perturbada.
"Volvió al mes siguiente. Estaba tranquila, dueña de sí. Ese día se quedaron bastante tiempo hablando, y me hicieron un encargo de consideración. Volví a verla tres veces más todavía, sin adivinar nada; pero cierto día ella empezó a hablarme de mi vida, de mi infancia, de mis padres. Yo respondía: "Mis padres, señora, eran unos miserables que me abandonaron." Entonces ella se llevó la mano al corazón, y cayó sin conocimiento. Enseguida pensé: "¡Es mi madre!", pero me guardé mucho de darlo a entender. Quería verla venir.
"Así pues, también yo tomé mis informes. Supe que sólo estaban casados desde el mes de julio anterior, porque mi madre no había enviudado sino hacía tres años. Se rumoreaba que se habían amado en vida del primer marido, pero no había ninguna prueba. La prueba era yo, la prueba que al principio se había ocultado y luego habían esperado destruir.
"Aguardé. Volvió ella una tarde, siempre acompañada por mi padre. Ese día me parecía muy emocionada, no sé por qué. Luego, en el momento de irse, me dijo: "Le estimo porque me parece usted un joven honrado y trabajador; sin duda pensará en casarse un día; yo le ayudaré a elegir libremente la mujer que le convenga. A mí me casaron una vez contra mi gusto, y sé cómo se sufre. Ahora soy rica, sin hijos, libre y dueña de mi fortuna. Ahí tiene su dote."
"Y me tendió un gran sobre lacrado.
"La miré fijamente y luego le dije: "¿Es usted mi madre?"
"Retrocedió tres pasos y se tapó los ojos con la mano para no verme más. Él, el hombre, mi padre, la sostuvo en sus brazos y me gritó: "¿Pero está usted loco?"
"Respondi: "Nada de eso. Sé de sobra que ustedes son mis padres. No es fácil engañar. Confiésenlo y les guardaré el secreto; no les odiaré por ello; seguiré siendo lo que soy, un ebanista."
"Él retrocedía hacia la salida sin dejar de sostener a su mujer, que empezaba a sollozar. Corrí a cerrar la puerta, me metí la llave en el bolsillo y proseguí: "¡Mírela y siga negando que es mi madre!"
"Entonces él se enfureció, se puso muy pálido, asustado por la idea de que el escándalo evitado hasta entonces podía estallar de pronto; que su situación, su fama y su honor quedarían arruinados de un solo golpe; balbuceaba: "Es usted un canalla que quiere sacarnos el dinero. ¡Haga usted bien al pueblo, a esta gentuza, ayúdelos, socórralos!"
"Mi madre, enloquecida, repetía una y otra vez: "¡Vámonos, vámonos!"
"Como la puerta estaba cerrada, é1 gritó: "¡Si no me abre usted inmediatamente, haré que le metan en la cárcel por chantaje y violencia!"
"Yo seguía siendo dueño de mí; abrí la puerta y les vi hundirse en la oscuridad.
"Entonces, de pronto me pareció que acababa de convertirme en huérfano, y de ser abandonado y tirado al arroyo. Me invadió una tristeza espantosa, mezcla de rabia, odio y repugnancia: sentía una especie de sublevación de todo mi ser, una sublevación de la justicia, de la rectitud, del honor, del cariño rechazado. Eché a correr para alcanzarlos por la orilla del Sena, que ellos tenían que seguir para llegar a la estación de Chatou.
"No tardé en darles alcance. La noche ya había cerrado por completo. Avanzaba a paso de lobo por la hierba, y por eso no me oyeron. Mi madre seguía llorando. Mi padre decía: "La culpa es tuya. ¿Por qué te empeñaste en verle? En nuestra posición, era una locura. Habríamos podido hacerle el bien de lejos, sin presentarnos. Si no podemos reconocerle, ¿para qué servían estas visitas peligrosas?"
"Entonces les salí al encuentro suplicante. Balbucí: "Ya ven ustedes que son mis padres. Una vez me abandonaron, ¿van a rechazarme ahora de nuevo?"
"Entonces, señor presidente, é1 alzó la mano sobre mí, se lo juro por el honor, la ley y la República. Me golpeó, y cuando yo le agarraba de las solapas sacó del bolsillo un revólver.
"Sólo sé que me puse furioso; tenía mi compás en el bolsillo; le golpeé con él, le golpeé cuanto pude.
"Entonces ella se puso a gritar: "¡Socorro! ¡Al asesino!", arrancándome la barba. Parece que también la maté. ¿Sé acaso lo que hice en ese momento?
"Luego, cuando les vi a los dos en el suelo, los tiré al Sena, sin reflexionar.
"Eso es todo. Ahora, júzgueme".
El acusado volvió a sentarse. Ante aquella revelación, el caso fue aplazado para la siguiente sesión. Pronto ha de celebrarse. Si fuéramos jurado, ¿qué haríamos con este parricida?
viernes, 16 de diciembre de 2016
Los Ladrones de quiquiñuelos By Saphiro Encina
Se trataba de un grupo de ladrones de quiquiñuelos muy astutos bajo una artimaña mágica muy poderosa lograron quedarse con miles de los quiquiñuelos de los internautas mas osados y capaces con la promesa de llevarlos al éxito.
Digamos que es un poco obvio tratándose de ladrones de lengua larga y regordetes, yo soy mosca y nutricionista aficionado , andaba por ahí volando cuando lo vi posarse, miles de moscas pasaron por ahí y fueron literalmente absorbidas por el bufonidae , que íbamos hacer las hormigas estaban enfurecidas con llevárselo todo para pasar el invierno, como dice el dicho y del dicho al echo hay un solo paso el que no convida tiene un sapo en la barriga.
jueves, 8 de diciembre de 2016
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1 Sui Generis - Confesiones de invierno
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4 Botafogo - Blues superpodrido
5 Charly Garcia y Leon Gieco - Yo no quiero volverme tan loco
6 Spinetta - Cuenta en el sol
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9 Manal - Avenida Rivadavia
10 Ariel de Pibes chorros - Los salieris de charly
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lunes, 24 de octubre de 2016
Entrevista con Alberto Ginastera : Por José Antonio Alcaraz
Ginebra,. Pregunto al compositor argentino Alberto Ginastera: ¿Cuáles son para usted los problemas más importantes a que se enfrenta el compositor el día de hoy?
– Hay ejemplos en la historia de la música –responde- que hablan de todos estos problemas, a los cuales podemos agregar todos los problemas contemporáneos. En principio el compositor actual, como todo artista, lo que necesita es profundizar su arte en lo que para nosotros es “el oficio”.
Lo exigí siempre a mis alumnos. No podían empezar un curso conmigo, sin poseer una profunda base académica. Una vez que el compositor ha llegado a dominar su técnica, el segundo problema es encontrarse a sí mismo, tal como sucedía en la época medieval; había: el oficio, el aprendiz y el maestro. Esto subsiste hoy: el aprendiz pasa a ser un oficial. Entonces, el oficial debe encontrarse.
Es necesario interrogarse: -¿Qué es lo que yo hago? ¿Para quién lo hago? ¿Cuál es mi función? Entonces, éste es un problema bastante grave porque –como también se lo he dicho a mis discípulos- hay que saber mirar hacia dentro. Una vez que uno ha mirado mucho hacia fuera uno tiene que mirarse hacia dentro. Tratar de reencontrarse.
Y luego el tercer problema: ¿Cuál es su función dentro de la sociedad? Es grave, porque pocos gobiernos, algunos de ellos no muy democráticos, son los que piensan realmente cuál es la función del artista en la sociedad contemporánea.
Pero éste no es sólo un problema del artista, sino también de todos aquellos que dirigen las actividades culturales: tratad de que el compositor sirva también a la sociedad.
Por otra parte: un compositor que tenga los medios necesarios puede escribir sus obras y guardarlas en un cajón de su escritorio, pero esto sería egoísta. Yo creo que el artista debe ser un exponente de una sociedad, exponente de un pueblo, exponente de una cultura determinada; y entonces, tiene que tener comunicación con su pueblo y si es posible salir de los límites territoriales de su país, ser el exponente de su propio pueblo frente a los otros pueblos.
Cuando escuchaba las obras de mi gran amigo Carlos Chávez o lo mismo al oír elHuapango, de Moncayo, con todo su color local, recibo un mensaje, tal como le sucede al público. Lo mismo al escuchar Sensemayá: estamos frente a exponentes de una cultura determinada y esta cultura tiene la suficiente fuerza para expandirse, no solamente dentro de los límites de un país, sino de una manera universal. Ahora, ¿qué es lo que hay que hacer para ello? Un compositor lo que necesita es que sus obras se toquen, que pueda vivir de su composición. Puedo hablar de esto porque durante muchos años hasta que me jubilé en Argentina, era un poco un compositor de fin de semana.
JAA. Como Mahler.
AG. Exactamente… Y uno tiene que ganarse la vida. Entones, el estado puede ayudar de tantas maneras, por ejemplo: encargando obras. En México, que tiene tantas orquestas, supongo que habrá un plan para que todos los compositores puedan escribir obras o escribir para los grupos de cámara. En este momento comienza un gran desarrollo de la educación musical en todo el mundo. Y digo comienza porque asistí en los Estados Unidos a los principios más remotos, cuando los compositores serios me decían: -¿Por qué está usted interesado en estos problemas? Y hoy todo el mundo quiere escribir para los conjuntos de jóvenes.
Aunque siempre existe el gran problema casi metafísico de la creación, yo creo que se podía ayudar al compositor por lo menos a solucionar los problemas más elementales.
JAA Para el compositor latinoamericano, esto es particularmente difícil; usted mismo lo acaba de señalar, al hablar de la relación compositor-sociedad. Por otra parte, indudablemente el uso de referencias a núcleos nacionales, sigue siendo muy debatido. ¿Cuál es su posición al respecto?
AG. Su pregunta abarca toda una conferencia. Lo he visto en mi propio país donde todo ha sido muy complejo. Los compositores del siglo XIX han querido dejar de lado, un poco por vergüenza de un subdesarrollo cultural, todo un gran tesoro que es el patrimonio propio de un pueblo e imitaron las formas europeas en boga.
Contrariamente a esto, ciertos compositores extranjeros se dedicaron –por ejemplo en la Argentina- a usar esos temas para tener una categoría nacional. Pero: ¿cómo los usaron?, con unas técnicas totalmente europeas. Entonces hubo una especie de invasión de la cosa nacional por el elemento extranjero, lo que vino –en cierto aspecto- muy bien, porque muchas veces se descubrió que había posibilidades interesantes. Ahora ya estamos ante otro problema, creo que el elemento puramente folclórico es de museo. Y no se sorprenda por esto que le digo, porque es un elemento con el cual tratan los musicólogos: lo codifican y lo guardan, como se guardan estatuas, grabados o tantas cosas.
Pero… el compositor no debe de ninguna manera aislarse de un mundo que es suyo. Me siento muy argentino y sin embargo digo que soy un hombre del Mediterráneo, nacido en Buenos Aires. Porque mis abuelos por parte de mi padre eran catalanes y por la de mi madre lombardos, del norte de Italia. Sin embargo, yo ya soy un argentino de segunda generación que siente profundamente su país. Pero, no lo siento de una manera gráfica, sino en forma muy íntima, medular; y entonces, es ahí donde veo que aquel término de “recreación del folclore” es siempre necesario. ¿Por qué? Desde luego… si uno lo siente. Debo decir que yo lo siento profundamente y no sólo en un sentido argentino sino que –viviendo desde hace diez años en Europa- en el de América en general. Creo que América tiene aún mucho que darnos, pero no la América turística sino una América profunda o una América que nos una a todo lo grande. Sobre todo a ustedes los mexicanos que tienen grandes monumentos de la cultura precolombina.
Creo que con el tiempo la visión mía se ha ampliado, se ha extendido en ese aspecto.
JAA. Esta visión ya era perceptible, gradualmente, en algunas de sus obras. El proceso es muy claro: el uso de esencias rítmicas y de ahí, el paso hacia sonidos no temperados. Como en la Cantata para la América mágica, en sus óperas o en el mismo Concierto para violín, donde el sonido no temperado se usa con frecuencia. ¿Cómo se ha desarrollado en usted el interés hacia esos materiales, mismo que por otra parte se reuniría también con el universo sonoro de los materiales étnicos, paradójicamente?
AG. Es cosa que la siento desde la niñez, porque tenía doce o trece años y salía en el diario La Prensa, de Buenos Aires, una versión bastante poética del Popol-Vuh, realizada por Capdevila –un escritor conocido, muy célebre en ese momento- y yo guardaba los recortes. Pasan cincuenta años y estoy escribiendo en ese momento para la Orquesta de Filadelfia, por encargo de la misma, una obra orquestal que se llama Popol-Vuh.
Fíjese cómo esas cosas que uno ha visto en la niñez, que ha sentido que le han interesado, se reflejan, ¿no es así? Y este Popol-Vuh es una obra sinfónica acerca de la primera parte, o sea, la creación del mundo americano.
Así que… es una cosa que está dentro de uno; lo que hay que evitar es el folclorismo simple, epidérmico, y sobre todo la cosa comercial que en nuestros países causa tantos males.
Por el contrario: en mi última Sonata para cello, que escribí para mi mujer, Aurora Nátola, quien es una gran cellista, y que ella acaba de estrenar hace poco en Nueva York y Buenos Aires, termina la obra con un “Carnavalito”. “El Carnavalito” es una danza quechua del norte argentino. Entonces mucha gente se ha asombrado.
-¿Por qué un “Carnavalito”? Y… ¿Por qué una danza alemana en la obra de Bach? O rumana en Bartók.
Publicada primero en Proceso, no. 193, el 14 de julio de 1980.
viernes, 21 de octubre de 2016
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sábado, 15 de octubre de 2016
Malus Consilium ( J) SagaMalevaje (2016)
martes, 11 de octubre de 2016
#MusicaHastaPorLasOrejas - Entre el ruido
Entre el ruido - 11/10/2016
Haz de luz en la cara y un viento suave cansino, tibio de buen aire , puro fresco y alentador como si lo hiciera a la luz de la luna en un paraje entre los montes , Jose Hernandez y escaleras, muchas escaleras , una estación entre la furia bajo el pavimento, la sociedad se pasea tranquila relajada, baje y un bandoneonista tocaba tangos, no podía ser eso algo malo, pero entre tanto ruido , como iba poder escucharme, era muy curioso tocar en la estación.
Obvie al bandoneonista , y me busque un lugar en la estación donde pudiera escucharlo a él y a mi y de ahí responder sus notas. Con mis notas. Estábamos lejos pero yo lo escuchaba, el bandoneon tiene mucha presencia.
Me senté en un banco bajo una escalera , y empece pero era difícil disfrutarlo el ruido lo tapaba todo, así que en cada silencio que se daba entre las llegadas y venidas de los Subtes, a veces escuchaba unos firuletes y me sumaba con el algún acorde, tocábamos los dos un tanguito , otras aprovechaba los silencios pára mis canciones, pasaban los temas los ruidos los firuletes y el silencio se volvió fundamental para poder disfrutar de la música.
Esperaba a que el ruido se detenga de una vez , juro que podían poner mis pelos de punta algunos de los sonidos estrellantes de los metales y engranjes.
En el anden había una chica con auriculares literalmente bailando como en un pista , esperandobailando seguir su camino. Quizá si los carteles publicitarios se volvieran largos serian más educativos , pero nos llevarían mas tiempo leerlos y los dejaríamos a un lado. Pero quizá valdrían un poco más la pena.
La ciudad tiene un ritmo hermoso , furioso pero no a tal punto de otras sociedades que corren tan rápido que ni llegan a verse las caras, imágenes , imágenes pasan volando a traves de los rabillos de nuestros ojos cuando estamos muy apurados. No prestamos atención a lo que sucede a nuestro alrededor.Es posible que nos perdamos de encontrar una billetera llena de billetes por ir corriendo ensimismados. No se trata tampoco de míranos todos a los ojos , sabemos que eso no funciona. Menos entre los presos.
El sentimiento de reconocerse en el otro y aceptarse , nos permite fluir a todos, no se si hacer eso se trata solo de amar. Tan solo es ser amable. Es el amor mínimo necesario para que podamos vivir juntos.
Mi banco ya se estaba volviendo duro e incomodo, empece a sentir hormigas en las piernas pero yo seguía mi cancion , estaba en uno los escasos silencios, entonces el estruendo se hizo presente llegaron los subtes al mismo tiempo se cruzaron sus conductores y al detenerse en su totalidad y salir la gente de sus respectivos vagones, un ruidoso silencio se hizo presente , quedé enfrentado con un hombre que tocaba un Bongo dentro del vagón que había quedado por el azar justo en mi linea de visión,nuestra cancion se alineo intuitivamente, la seguimos cuanto pudimos pero el tiempo también era escaso. Esa mirada de sorpresa en nuestras caras de destino, la cancion se esfumo en el aire que revuelve el subte cuando arranca. La melodía se perdió entre las ventanas y recovecos de la estación rebotando en todos los sitios posibles, para quedar guardado en el rincón de los tangos desaparecidos.
- Saphiro Encina
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